El auto se deslizaba por las calles vacías de la ciudad, las luces de los faroles pasaban como destellos anaranjados a través de los vidrios polarizados. La noche estaba en su punto más profundo, y el silencio dentro del vehículo era cómodo, lleno de la complicidad que habían construido durante la gala. Mara iba recostada en el asiento, con los ojos cerrados, sintiendo que el cansancio le pesaba en los párpados. Los pies le dolían por los tacones altos, y el vestido azul, aunque hermoso, comenz