La música llenaba el salón con una melodía suave y romántica, una canción de esas que invitan a cerrar los ojos y dejarse llevar. Las luces de las arañas de cristal se atenuaron ligeramente, creando una atmósfera íntima que envolvía a los bailarines como una caricia. Las notas del violín se elevaban hasta el techo alto, mezclándose con el susurro de las conversaciones y el tintineo de las copas. Las parejas se movían al ritmo de la música, sus cuerpos sincronizados, sus miradas perdidas en el m