El espectáculo había terminado, pero el eco del motor de El Fantasma aún vibraba en el aire como un latido profundo que se negaba a desaparecer. Las luces de neón de la pista improvisada se apagaron lentamente, devolviendo a los jardines de la mansión su atmósfera de ensueño, con sus faroles de cristal y sus fuentes iluminadas. La multitud comenzó a dispersarse, pero las conversaciones aún giraban en torno a lo que acababan de presenciar. Los invitados comentaban con asombro los movimientos imp