La oficina de Valentina Reyes estaba sumergida en la penumbra de la tarde cuando el teléfono volvió a sonar. La luz del sol se filtraba a través de las persianas, creando rayas de luz y sombra sobre el escritorio de madera oscura, como las barras de una prisión dorada. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el olor a papel y tinta, creando una atmósfera de eficiencia y control. Val levantó la vista del monitor, y una sonrisa fría se dibujó en sus labios cuando reconoció el número en la pa