El último amanecer en las Maldivas fue distinto a los anteriores. No más brillante. No más hermoso. Pero sí más agridulce. El sol se elevaba sobre el mar turquesa pintando el cielo de tonos naranjas y dorados, pero Mara no podía disfrutarlo del todo. Un nudo en el estómago le recordaba que ese era el final. Que las maletas había que cerrarlas. Que el paraíso quedaba atrás.
Joaquín la encontró en la terraza, abrazada a sus rodillas, mirando el horizonte como si quisiera guardarlo en la memoria p