Los días pasaron. No lentos, como había sido el principio de todo, sino rápidos, vertiginosos, como las curvas que Joaquín tomaba en la pista. Una semana. Dos. El calendario se iba consumiendo y la fecha de la boda se acercaba como un tren que nadie podía detener.
Mara se había acostumbrado a la rutina. Despertar en el penthouse. El olor a café recién hecho que Joaquín preparaba todas las mañanas. El crujir de las hojas del periódico que él leía mientras ella desayunaba. Las conversaciones cort