La cena continuó. El restaurante Le Ciel brillaba con sus luces tenues y sus ventanales que mostraban la ciudad entera como un manto de estrellas. Los cubiertos de plata tintineaban suavemente contra la porcelana. Las copas de cristal reflejaban las velas que ardían en el centro de la mesa.
Don Rivas estaba más relajado. El anillo que Joaquín le había puesto a Mara seguía brillando en su mano izquierda. No podía quitar los ojos de él. Era una pieza única. Un diamante rodeado de zafiros azules m