Joaquín terminó su entrenamiento. El sudor aún brillaba en su frente cuando se secó con la toalla y caminó hacia donde Mara estaba, sentada en el sofá de la sala, con la mirada perdida en el ventanal.
—Voy a salir un momento —dijo él, poniéndose una chaqueta de cuero ligera sobre la camiseta aún húmeda.
Mara lo miró. Frunció el ceño.
—¿Para dónde vas?
—No te preocupes —respondió él, con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora—. Voy a conseguir tu anillo.
—¿El anillo de compromiso?
—Sí.
—¿