Mara manejó de regreso al penthouse con el corazón pesado. Las palabras de su madre aún resonaban en sus oídos. "Si estás pasando mala vida, si estás sufriendo, todavía estás a tiempo". Pero no era mala vida. No era sufrimiento. Era confusión. Era miedo. Era no saber si lo que sentía por Joaquín era real o solo parte de la actuación.
Estacionó. Subió en el ascensor. La puerta del penthouse se abrió. Escuchó música. No era la que sonaba en las fiestas. Era música de entrenamiento. Ritmos rápidos