La mañana llegó con un sol pálido que se filtraba por los ventanales del penthouse. Mara estaba en la cocina, tomando café, cuando su teléfono vibró sobre la mesa. Miró la pantalla. Papá.
Respondió.
—¿Papá?
—Mara, necesito que vengas a la casa. Tenemos que hablar.
La voz de Don Rivas sonaba grave, seria, como cuando iba a dar una noticia importante. Mara sintió un nudo en el estómago.
—¿Ahora?
—Ahora. Es importante.
—Está bien. Voy.
Colgó. Terminó el café de un solo trago. Se cambió. Jeans, cam