93.
Consternada, me senté en un amplio mueble que estaba en una sala que encontré al azar, vagando por los pasillos. Había una pequeña manta ahí. Me abrigué con ella, aunque ciertamente no tenía mucho frío. La montaña era cálida; tal vez tenían algún sistema de calefacción, o simplemente estar tan profundo dentro de la tierra aislaba por completo el lugar del frío que arreciaba en el exterior.
No supe, ciertamente, cuánto tiempo me quedé ahí. Hubiese deseado que el lugar tuviera una ventana, algo q