72.
Mi padre se lo pensó por un momento. No estaba seguro de aquello. ¿Cómo podría estarlo? Esperé que no pensara que aquello era una trampa, pero ya le había abierto las puertas de la ciudad a Ismael. Y esperé que le concediera, que el favor era necesario, lo necesitábamos.
Entonces, volteó a mirarme. No miró a nadie del consejo, a ninguno de los ancianos, ni a Artemisa, que estaba a su derecha, ni tampoco a Valentín, que estaba unos metros más allá y no me había cruzado la mirada desde el princip