71.
En cuanto abrimos la puerta y nos encontramos con Salomón, el rey Cuervo, nos sonrió.
— Los estábamos esperando — dijo, dando dos pasos atrás.
Yo lo detallé mientras entrábamos. Sus alas — cada una podría medir incluso dos veces su propio cuerpo — eran algo extraño de ver. Cuando lo vi en la aldea de la gente del bosque, en su hogar, era un poco menos anormal. Por alguna extraña razón, verlo ahí, en la sala del Consejo de Flagela, se me hizo extraño. Se veía antinatural.
Y justo lo que había e