42.
La aldea de la Gente del Bosque estaba más lejos de lo que habíamos imaginado. Corrimos toda la noche y toda la mañana, y entrando el atardecer del segundo día de viaje, tuvimos que detenernos a descansar. Ángel y yo éramos más rápidos y más fuertes, pero el resto de nuestros acompañantes estaban quedándose rezagados.
— Ya habíamos decidido que eran tres días de viaje — dijo Ángel mientras se acurrucaba entre la nieve y metía la punta de la nariz entre su estómago — . El viento que venía desd