41.

Cuando llegué al palacio esa noche, el rumor se había esparcido como pólvora caliente. Era la gran desventaja de la telepatía de los lobos: los rumores se expandían en solo un segundo. A veces se necesitaba solo un corto minuto para que toda la manada supiera que algo estaba pasando. Y aunque era una excelente ventaja para cualquier otra cosa, tal como seres vivos y conscientes, el chisme siempre lo superaba todo.

Al abrir las puertas del palacio, lo primero que me encontré fue con la cara eno
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