207.

El ejército se había dispersado. Irremediablemente, no pude hacer nada. Ni Ismael ni yo pudimos hacerlo. Cuando llegaron los camiones con las jaulas, no pudimos hacer nada. Exhibirnos hubiera sido demasiado peligroso. Así que nos quedamos ahí, en la entrada de aquella abertura, observando cómo comenzaban a meterlos a todos en aquellas metálicas celdas transportables.

La mayoría huyó. Era inevitable que algunos lo hicieran después de que el dolor por el suero inhibidor se les pasara. No se iban
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