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La muchacha parecía estar muy segura de lo que estaba diciendo. Estaba ahí, en medio de la sala, y cuando nuestras miradas se cruzaron, pude ver en sus ojos alguna expresión que no logré identificar. Pude sentir cómo su conciencia se estiraba hacia la mía, pero yo no permití que entrara. Por alguna razón, me sentía un poco cohibida. La única persona que había logrado dejar entrar a mi cabeza había sido Ismael. No me sentía preparada para que otro lobo entrara, a pesar de que la conciencia de mi