131.
Más sorprendida que asustada, y un poco mareada, me senté sobre el mullido césped. El cielo brillaba azul sobre mi cabeza, y me pregunté si tal vez estaba soñando, si tal vez estaba teniendo alguna visión, algo que me estaba sucediendo únicamente en la cabeza. Tenía que ser así, era la única opción que encontraba para explicar la locura que estaba pasando.
Unos metros más allá, pude ver las oscuras alas de Salomón. El rey cuervo estaba sentado plácidamente, y el aire sacudía su largo y oscuro c