121.
Me quedé absurdamente paralizada en el lugar. ¿Qué otra cosa podría hacer, sinceramente? Había escuchado con claridad el sonido de una cabra al otro lado de la habitación. ¿Una cabra? Tal vez aquel lugar tenía una granja y se había escapado una cabra. Estaba *cabreando*. No sabía cómo se decía. Un perro ladraba, un gato maullaba… ¿cómo se le llamaba al sonido de una cabra?
Me di cuenta de que había pasado más de diez minutos con la perilla de la puerta en la mano. Entonces la moví despacio y la