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— Las malditas reglas de la manada... — Yo sabía que Elena tenía unas bajo la manga. Siempre tenía uno. Era una mujer astuta y políticamente hábil. Sabía muy bien cómo moverse entre los vacíos legales. Siempre lo había sabido. Por eso había logrado convertirse en la luna de la manada.
La ley del campeón era simple y clara: tanto el Alfa como el retador podían acceder a la ley del campeón y enviar a dos contrincantes que pelearan en su nombre. Había sido creada hace muchísimos siglos, cuando