119.
— Siento todo esto — fueron las primeras palabras que me dijo Vladimir, uno de los hombres que me llevaba custodiado.
Pude percibir cómo su conciencia se estiró hacia la mía, pero mi habilidad me permitía ocultarla. De todas formas, tuve que hacer mucho esfuerzo cuando el grupo al que llegamos, que estaba escondido detrás de los árboles, intentó hacer lo mismo. Era algo común, algo que todos hacíamos, algo instintivo, mucho más cuando era alguien a quien respetábamos. En el caso de ellos co