116.
El viaje se hacía cada vez más complicado. Podía sentir el hielo entrando hasta mis huesos, a pesar de que utilizaba mi magia y mi poder para intentar contrarrestar el frío tan aterrador que reinaba en el lugar. Era para mí prácticamente imposible. Ni siquiera el cálido cuerpo de Sirius lograba menguar un poco aquella aterradora sensación. De todas formas, lo sentía cercano, muy cercano. El corazón de la tormenta palpitaba cada vez más cerca.
— ¿Qué es esta área? — le pregunté a Salomón.