Victoria regresó a la mansión Montenegro con un contrato firmado.
No era solo un acuerdo profesional. Era la confirmación de que podía entrar a una sala llena de inversionistas, defender su trabajo y salir de allí con algo construido por ella misma.
El viaje la había cambiado.
No de forma evidente. Seguía siendo la misma mujer serena, cuidadosa y contenida. Pero había más firmeza en su manera de caminar, de sostener la mirada, de entrar a la casa sin sentir que debía justificar su ausencia.
Cla