Fernanda salió de la mansión después del almuerzo.
Dijo que tenía una cita con una terapeuta recomendada por el doctor Ramírez y que prefería ir sola. Regina quiso acompañarla, pero Fernanda sonrió con esa suavidad que todos confundían con fragilidad.
—Necesito empezar a hacer algunas cosas por mí misma —dijo—. No quiero depender siempre de ustedes.
Regina aceptó, conmovida.
Adrián apenas levantó la mirada desde el otro extremo del comedor.
—¿Quieres que el chofer te espere?
—No hace falta. Tard