Adrián tuvo que permanecer frente a la puerta cerrada, con la respiración agitada y las manos convertidas en puños. Las alarmas continuaban sonando dentro de la habitación. Escuchaba órdenes médicas, pasos apresurados y el movimiento de equipos que no podía ver. Cada ruido aumentaba la necesidad de entrar, pero los dos miembros de seguridad del hospital se mantenían cerca, preparados para detenerlo si intentaba hacerlo.
—¡Necesito saber qué está ocurriendo! —exigió, golpeando la puerta con la p