Regina buscó a Adrián en su despacho antes de la cena.
No tocó como quien pide permiso. Dio dos golpes breves y abrió la puerta con la seguridad de alguien que ya había decidido el curso de una conversación antes de iniciarla.
Adrián estaba revisando unos documentos de la empresa. Al verla entrar con una carpeta bajo el brazo y esa expresión impecable que usaba para imponer orden sin levantar la voz, supo que no iba a hablarle de negocios.
—Madre.
—Tenemos que hablar.
Él dejó la pluma sobre el e