—No.
Victoria abrió la boca para responder, pero Fernanda alzó los ojos hacia ella con una mezcla de tristeza y enojo que consiguió dejarla en silencio.
El recuerdo volvió a fragmentarse y la llevó a otras tardes, otras visitas y más juegos en los que Adrián buscaba a Victoria casi sin pensarlo. También aparecieron los silencios en los que Fernanda había aprendido a mostrar tristeza justo cuando los adultos podían verla.
—Ven, Victoria —decía Adrián mientras apartaba un lugar a su lado—. Tú pue