Victoria abrió los ojos sin comprender dónde estaba. Giró la cabeza con dificultad y encontró a Adrián sentado junto a la cama, inclinado hacia ella. Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y una expresión que Victoria jamás le había visto. Parecía agotado, pero había algo más fuerte que el cansancio en sus ojos.
Alivio.
—Despertaste —dijo él, poniéndose de pie—. Gracias a Dios. Victoria, mírame. Estoy aquí.
Ella parpadeó varias veces, intentando ordenar sus pensamientos.
—¿Que…?
La ga