Fernanda invitó a Victoria a tomar café como hermanas.
Eso dijo.
La frase llegó con una sonrisa amable, delante de Isabel y Regina, de modo que rechazarla habría parecido un gesto cruel. Victoria aceptó sin cambiar la expresión. Ya conocía demasiado bien esas invitaciones que venían envueltas en dulzura y terminaban dejando una marca.
Se reunieron en una terraza lateral de la mansión Montenegro. Clara sirvió café, panecillos pequeños y agua. Después se retiró, dejando a las dos hermanas solas.
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