Fernanda esperó que Adrián reaccionara con rechazo, con indignación o al menos con una duda visible que pudiera obligarla a llorar, a retroceder un poco y luego volver a presionar desde otro ángulo. Estaba preparada para eso. Había ensayado frases, silencios y gestos de dolor frente al espejo, porque sabía que Adrián no era fácil de doblar cuando decidía mantenerse firme.
Pero él no hizo nada de eso, el solo la observó con una calma que la inquietó.
—¿No vas a decir nada? —preguntó ella.
Adrián