—¡Código rojo!
La voz de la enfermera llenó el pasillo y, en segundos, el hospital entero pareció moverse hacia Victoria.
Fernanda permaneció junto a la cama con los ojos abiertos, incapaz de reaccionar mientras las enfermeras intentaban reconectar los equipos y estabilizar los signos de Victoria. Una de ellas la apartó con firmeza.
—Salga de aquí.
—Fue un accidente —dijo Fernanda, aunque nadie le había preguntado todavía.
La enfermera la miró apenas un segundo.
—Salga.
Victoria estaba pálida,