Fernanda regresó a la mansión de sus padres con una expresión agotada y una calma que Isabel interpretó como resignación.
—¿Hablaste con los médicos? —preguntó su madre apenas la vio entrar.
Fernanda dejó el bolso sobre una mesa y permitió que la empleada le retirara el abrigo. Aún sentía en el cuerpo la tensión de la conversación, pero también una emoción peligrosa. Adrián había aceptado.
—Sí —respondió.
Isabel se acercó con cuidado.
—¿Y?
Fernanda bajó la mirada.
—Voy a donarle el riñón a Vic