La familia Altamirano llegó a la mansión Montenegro poco después del mediodía.
Isabel entró con los ojos húmedos antes de ver siquiera a Fernanda. Ernesto caminaba a su lado con una seriedad que no lograba esconder la emoción. Detrás venían dos tías, una prima y el chofer con varios paquetes que nadie había pedido, pero que todos consideraban apropiados para la ocasión.
Victoria los recibió en el vestíbulo.
—Mamá, papá —saludó con cortesía.
Isabel le tomó las manos apenas un instante.
—Victoria