Adrián sostuvo su mirada. Ya no había CEO. No había apellido. No había familia. Solo un hombre que parecía estar arrancándose el orgullo palabra por palabra.
—Que eres mi esposa no por obligación, sino porque ahora entiendo que mi vida sin ti no tiene el mismo sentido. Que tardé demasiado en verlo, y esa tardanza es mía, no tuya. Que no tengo mérito al descubrir tu valor cuando casi te pierdo, pero aun así no puedo seguir fingiendo que mi lugar está en otro lado.
Victoria apartó la mirada, abru