Marcos se río.
—Adrián no es el único hombre interesado en tu hermana.
Fernanda sintió que no era capaz de sostenerse.
—Esto es una locura. Si creen que así voy a donar mi riñón, están locos.
Entonces se lanzó hacia el volante.
Marcos maldijo entre dientes, sujetó el auto con fuerza y logró mantenerlo en el carril mientras Fernanda intentaba hacer que perdiera el control.
—¡Detén el auto! —gritó ella—. ¡Detenlo ahora mismo!
—Siéntate.
—¡No!
Fernanda volvió a forcejear, desesperada, golpeándolo