El puesto de flores no tenía el mismo movimiento del día anterior.
Victoria lo notó antes de acercarse. Había menos ramos sobre la mesa, algunas cubetas estaban vacías y la mujer mayor atendía sola, con una expresión cansada que no logró ocultar cuando reconoció a Adrián. Él caminaba junto a Victoria con una tensión visible, aunque esta vez mantuvo las manos quietas y la voz controlada.
—Podemos irnos si prefieres —dijo Victoria.
—No.
—Adrián.
—Estoy bien. Solo necesito saber que ellos están bi