Victoria sostuvo el boleto varios segundos, sin mirar demasiado el destino escrito en la parte superior porque hacerlo habría vuelto real una decisión que todavía le temblaba en el pecho. No estaba huyendo, se dijo mientras caminaba hacia una zona más apartada de la terminal; estaba eligiéndose de la única manera que podía hacerlo en ese momento, lejos de una sala donde había esperado durante horas a un hombre que no llegó.
Antes de abordar, sacó el teléfono y buscó el nombre de Laura, quien co