La librería era pequeña y tranquila, escondida en una calle donde los turistas pasaban sin detenerse demasiado. Victoria entró primero, fingiendo que no estaba emocionada, aunque Adrián la vio tocar con cuidado los lomos de los libros y detenerse frente a una mesa de ediciones ilustradas como si quisiera llevarse un pedazo de aquella ciudad entre las manos. Él no dijo nada. Solo permaneció cerca, lo suficiente para acompañarla y no tanto como para invadirla.
Esa forma de estar empezaba a afecta