Abril estaba sola en esa habitación enorme de la mansión, envuelta en un silencio solemne que solo era roto por el tic-tac lejano del reloj antiguo del pasillo.
Frente al espejo, su reflejo temblaba levemente con la luz que entraba por la ventana.
Llevaba puesto un vestido de novia blanco, de líneas simples, sin ostentaciones, pero con una belleza serena que parecía reflejar su alma.
En su cuello, el collar de perlas relucía demasiado bello y brillante.
Lo acarició con suavidad, recordando el dí