En el hospital.
Las puertas de la sala de emergencias se abrieron de par en par y Greg irrumpió como un vendaval, su corazón golpeando violentamente dentro de su pecho.
Sus ojos buscaron desesperados, corrió a la habitación donde ella estaba y la buscó hasta encontrarla: Jessica, tan frágil y pálida como un suspiro, descansando en una cama de hospital, su cuerpo casi perdido bajo las sábanas blancas.
—¡Jess! —exclamó, su voz quebrada por el miedo—. ¡¿Qué te pasó, mi amor?!
Jessica entreabrió los