Aníbal se quedó paralizado frente al video.
La imagen que tenía frente a él parecía una traición tangible, una herida abierta que no podía cerrar con palabras.
Sus ojos recorrieron la pantalla una y otra vez, incapaces de creer lo que veían.
Cuando finalmente levantó la mirada, sus ojos se encontraron con los de Mia, y en ellos había un torbellino de incredulidad, rabia y un dolor tan profundo que parecía que su corazón podía romperse en cualquier momento.
—Mia… ¿De verdad me engañaste? —exclamó