El auto avanzaba a toda velocidad, los faros iluminaban la carretera desierta como si fueran cuchillas atravesando la oscuridad.
El silencio dentro del vehículo era tan denso que podía cortarse con un cuchillo.
Mia, sentada en el asiento del copiloto, sentía que el corazón le iba a estallar en el pecho; cada segundo que pasaba la distancia entre ellos se hacía más abismal, aunque físicamente estuvieran tan cerca.
—¿A dónde me llevas? —su voz tembló, casi rota.
Aníbal no respondió.
Sus manos apre