—¿Padre? —exclamó Aníbal, con la voz temblando entre la incredulidad y la ira—. ¿Qué hiciste? ¡¿Tienes una amante?!
Amadeo sintió un nudo en la garganta, un miedo profundo que nunca había experimentado.
Negó con rapidez, pero su mirada traicionaba la confusión y la desesperación. Las manos le temblaban ligeramente mientras intentaba explicarse, mientras las palabras se le trababan en la boca.
—Escúchame, hijo… —comenzó con voz ronca, intentando acercarse, pero Aníbal dio un paso atrás, el ceño f