—¡Gregorio! ¿Qué te pasa? —exclamó Jess, corriendo hacia él al notar cómo se llevaba la mano a la cabeza.
Gregorio bajó la mano despacio, respiró hondo y negó con la cabeza.
Recuperó su máscara.
—Estoy bien. Solo fue… un mareo. Nada importante.
Nadie notó cómo, a unos pasos de él, Abril se giraba levemente para limpiarse los labios con el dorso de la mano.
Con asco.
Con un desprecio elegante, silencioso, pero demoledor.
Ese beso… le había sabido a traición. A podredumbre.
Horas después, en la ma