En la iglesia, todo estaba preparado. Las flores colgaban como un sueño perfumado, los invitados susurraban con emoción contenida y el sacerdote ya esperaba frente al altar. El órgano había comenzado a entonar las primeras notas del himno nupcial, pero algo en el ambiente parecía no encajar del todo.
Rebeca estaba feliz. Su sonrisa era amplia, inocente, sin saber el torbellino de emociones que estaba por desatarse. Para ella, ese día marcaba el comienzo de su cuento de hadas.
Pero Amancio… Amanc