El salón quedó envuelto en un silencio pesado, roto solo por los murmullos que crecían como una ola imparable.
Invitados se inclinaban hacia sus acompañantes, murmurando con incredulidad.
Algunos llevaban la mano a la boca, otros giraban la cabeza para asegurarse de que habían escuchado bien.
Abril y Amadeo mantenían la mirada fija en Ernestina, como si quisieran descifrar qué tan lejos estaba dispuesta a llegar con aquella farsa.
Amancio, en cambio, fue el primero en estallar. Su rostro se torn