Adeline entró en la casa con pasos lentos y vacilantes. Se sentía como un niño que acababa de hacer una travesura y que temía ser descubierto.
El recuerdo de la noche anterior la asaltó de repente, haciendo que sus mejillas se tornaran de un carmesí intenso.
—Mamá —la voz de su hijo Camilo, la sorprendió en medio del vestíbulo.
—Cariño—se giró para verlo.
Los niños corrieron desde la sala, con la niñera siguiendo sus pasos.
—¿Dónde estabas, mamá?—frunció el ceño su pequeño. Por alguna razón