Adeline parpadeó, confundida por la suavidad de las sábanas y la luz tenue que se filtraba por las cortinas. El aroma a café y tostadas recién hechas flotaba en el aire, y al girar la cabeza, encontró a Anthony sonriéndole desde el borde de la cama.
—Buenos días, hermosa —susurró él, acariciando su mejilla con el dorso de la mano—. ¿Cómo has dormido?
Parpadeó de nuevo, tratando de recordar cómo había llegado allí. La noche anterior había sido un torbellino de pasión y deseo, y ahora estaba en u