Todo había terminado.
Los días volvieron a la normalidad, a aquel ritmo monótono que siempre los había acompañado. Ya no había búsquedas en los pasillos, ya no había esa sensación de peligro y excitación a la que rápidamente se había acostumbrado.
Ahora, cuando su mirada se encontraba con aquellos ojos dorados, no había más que un mínimo reconocimiento de parte de ambos.
Eran como dos extraños que compartían juntos un secreto.
El secreto de haberse unido carnalmente, de haberse entregado a u