La puerta de la habitación fue cerrada a duras penas. Entre besos y caricias se fueron desvistiendo mutuamente, el desespero estaba presente en cada una de sus manos, las cuales parecían nunca estar conformes de tocarse.
Se entregaron a la pasión en aquel motel de paso, uno que vieron de camino a la universidad, y al cual simplemente no pudieron resistirse a entrar.
Necesitaban consumar aquella relación que recién iniciaba. Porque sí, aquel sería el inicio de noches fugaces cargadas de adrena